La conquista neerlandesa de la ciudad portuguesa de Salvador de Bahía (Brasil) en 1624 puso en peligro la frágil unión entre Portugal y España, la seguridad de sus posesiones en América y la capacidad de la Monarquía Hispánica para mantener su hegemonía global.
Un año después, más de 12.000 hombres y 50 barcos, liderados por el almirante Fadrique de Toledo —la mayor flota que había cruzado el Atlántico hasta ese momento— zarparon para la reconquista.
400 años más tarde, el hallazgo fortuito de una pintura revela un misterio oculto.

